Clavo

Clavo Adobe Stock

Clavo

Los brotes del árbol del clavo desecados están entre las pocas especias aromáticas naturales que añaden un toque especial a platos dulces y salados.

Se usan en el vino caliente y en el ponche, en platos dulces, galletas y pasteles, pero también en cazuelas, platos de caza, salsas y muchos tipos distintos de embutido. Con un aroma dulce y especiado y un sabor ligeramente picante, añaden un carácter distinto al stifado griego, los currys indios y el pan de jengibre – o Lebkuchen – alemán.

El clavo procede de las islas Maluku, que ahora forman parte de Indonesia. Cuando los holandeses ocuparon las islas en el S. XVII y se adueñaron de la producción de clavo, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales o Vereenigde Oostindische Compagnie, una poderosísima organización comercial de la época, trasladó los cultivos a la isla de Ambon y eliminó los árboles de clavo de todas las demás islas. Durante dos siglos, la compañía mantuvo por la fuerza su lucrativo monopolio del cultivo y comercio del clavo.

El clavo (Syzygium aromaticum) puede contener hasta un 15 por ciento de aceites esenciales, más que la mayoría de las especias desecadas. Las yemas cerradas se recolectan cuidadosamente a mano, se hierven en agua y se secan al sol o sobre el fuego. Los brotes son los que tienen el sabor más intenso, mientras que los largos tallos solo son amargos.
Generalmente, los clavos tienen uno o dos centímetros de longitud y siempre se deben moler inmediatamente antes de su uso para evitar la rápida evaporación de los aceites esenciales.
Los clavos de buena calidad flotan o se mantienen derechos en el agua, mientras que un producto de menor calidad se hunde por su bajo contenido en aceite. Si los clavos se guardan en un contenedor estanco en un lugar seco alejado de la luz directa, se pueden conservar varios años sin perder aroma. El clavo también es un remedio casero para el dolor de muelas y la halitosis.